¿Alguna vez ha estado orando en silencio y, de repente, te sientes consumido por el miedo, la duda o el estrés?

A la mayoría de las personas no les gusta estar solos con sus pensamientos. Si luchas contra la ansiedad y la depresión, puede que te resulte aún más difícil que la mayoría estar solo con pensamientos y sentimientos mientras oras.

Sentados con nuestros pensamientos

Aquellos que luchan con la ansiedad y la depresión pueden tener dificultades para quedarse quietos en la oración y no tener una lluvia de pensamientos negativos, autocríticos o ansiosos que pasan por su mente. En medio de pensamientos ansiosos, depresivos e incluso suicidas, Dios nos está llamando a buscar ayuda de un profesional y no estar solo en nuestras luchas. No tengas miedo de buscar apoyo sobre tu ansiedad y depresión. Habla con tu coordinador, sacerdote o amigos de confianza. No tengas miedo de hablar con un terapeuta y consultarlo con frecuencia. Tener un terapeuta puede ayudarte a ordenar los pensamientos negativos y comprender cómo te afectan la ansiedad y la depresión. Se necesita verdadera fuerza para buscar ayuda y ser vulnerable. Tener a alguien con quien conversar y compartir tus luchas puede marcar la diferencia y mejorar enormemente tu vida de oración.

Ten esperanza

Orar con ansiedad y depresión es posible. Incluso cuando parece difícil o atemorizante orar a veces, la oración es una oportunidad para encontrar la paz y estar con nuestro Padre Celestial. Cuando luchamos con la preocupación, la autoimagen y el dolor, Dios anhela estar con nosotros en el sufrimiento. Esta curación comienza con dejar que Dios entre en nuestra ansiedad y depresión a través de la oración, que puede ser tan simple como hablar con un amigo. Entonces, ¿cómo pasas tiempo en oración cuando tienes miedo de estar solo con tus propios pensamientos y sentimientos? Aquí hay algunas herramientas que puede usar para orar frente a la ansiedad y la depresión.

1. Ten un plan para el tiempo de oración.

A veces, al ir a la adoración o a la oración en silencio, podemos pensar que podemos quedarnos quietos por una hora y desconectar nuestros cerebros. La verdad es que la oración en silencio durante un largo período de tiempo requiere práctica. Estamos tan acostumbrados a vivir en un mundo ruidoso que cuando intentamos apagar todo el ruido exterior, podemos sentirnos sorprendidos y nerviosos por lo que hay debajo. Para el tiempo de oración y el silencio necesitamos un plan de juego. Esto podría involucrar algo simple como rezar el nombre de Jesús o Ven Espíritu Santo una y otra vez. También podría implicar tener un libro para leer para una lectura espiritual por parte de un Santo o la Escritura misma. Recordarnos que nuestros cerebros no tienen que estar completamente en blanco durante la oración pueden ayudarnos a estar en paz y elevar mejor nuestros pensamientos a Dios.

2. Concéntrate en tu respiración.

Probablemente has escuchado a alguien decir “respira hondo”. Cuando nos tomamos un segundo para respirar, en realidad nos estamos dando permiso para relajarnos y en realidad damos más oxígeno a nuestro cerebro. Prestar atención a nuestra respiración también nos ayuda a recordar que no importa los pensamientos negativos, estamos vivos y podemos estar presentes en la oración. La respiración nos ayuda a prestar atención a nuestra salud y al momento presente con Dios como un verdadero regalo de Dios mismo. También hay excelentes recursos para respirar y una práctica llamada Atención plena desde una perspectiva católica aquí.

3. Reconoce los pensamientos negativos.

A veces la gente me pregunta “¿puedes realmente controlar tus pensamientos?”. Tenemos innumerables pensamientos cada día que rebotan dentro y fuera de nuestras cabezas, pero tenemos que decidir cuáles se arraigan. Cuanto más nos damos cuenta de nuestros pensamientos, más podremos decir en cuáles nos entretendremos y en qué elegiremos enfocarnos. A veces esto implica dar pensamientos negativos, ansiosos o depresivos a Dios y pedirle a Él que nos los quite. Antes de poder hacer esto, necesitamos saber cuáles son nuestros pensamientos. Trabajar con un terapeuta puede ayudarlo a comprender mejor lo que está pasando por su cabeza y los pensamientos que está dejando enraizar en su vida. Si le damos nuestros pensamientos negativos a Dios, no significa que necesariamente olvidemos que el pensamiento existe, pero podremos no involucrarlo y podremos volver a pensar mejor. Es importante ser paciente contigo mismo y practicar estar consciente de tus pensamientos.

4. Ten argumentos en contra listos.

Puede sonar tonto, pero a veces necesitamos tener argumentos en contra en nuestra cabeza si sabemos que tenemos pensamientos ansiosos o depresivos recurrentes. Si nos damos cuenta de que nuestro pensamiento predeterminado es “No soy digno de ser amado” o “No puedo concentrarme en la oración”, podemos y debemos hacer una lista mental (y física) con razones por las que ese pensamiento no es verdadero. Cuando nos sorprendemos con un pensamiento negativo o entretenido, podemos argumentar en contra de él. A menudo, simplemente deteniendo un pensamiento negativo y reemplazándolo por uno mejor, podemos evitar caer en espiral hacia una mayor negatividad y ansiedad.

5. Intenta escribir en un diario.

Algunas personas tienen una relación de amor-odio con el diario, pero en última instancia, nos ayuda a poner nuestras oraciones, necesidades y luchas en palabras. Escribir nuestras oraciones nos ayuda a entender exactamente qué está sucediendo. Nos ayuda a comprender mejor cómo nos sentimos y qué pensamos. Registrando nuestras oraciones es una gran herramienta para pasar tiempo con nosotros mismos y elevarnos a Dios. Es un momento para encontrar sus pensamientos, sentimientos y experiencias importantes. Escribe una carta de amor a Dios y cuéntale sobre tu día. Tómate un tiempo para encontrar tus propios pensamientos y sentimientos importantes en la oración.

6. Reza el rosario, centrándote en los misterios.

Si la oración nos puede llevar a pensamientos negativos o en espiral, el rosario es una herramienta increíble para mantenernos enfocados en Cristo. Cuando rezamos el rosario, no solo estamos rezando oración tras oración por ninguna razón. El rosario implica recitar oraciones, pero implica meditar sobre los misterios del rosario. Los misterios se centran alrededor de la vida de Cristo y la Madre María de las Escrituras que elevan nuestras mentes y almas a Dios. El rosario puede mantenernos enfocados en Cristo y menos distraídos por nuestros propios pensamientos y sentimientos negativos.

7. Ora con los demás.

¡Lo mejor de la oración es que no tienes que hacerlo solo! Estamos hechos para la comunidad y para orar unos con otros. Es fácil sentirse incómodo orando frente a otros, pero el Espíritu Santo nos da el valor y las palabras para orar. ¡Ni siquiera tiene que estar en voz alta o por mucho tiempo! Orar con otros o pedir a otros que oren contigo o por ti puede ser una manera de no perderte en esos pensamientos negativos y ansiosos. Orar en comunidad puede ayudarnos a mantener nuestros pensamientos enfocados en Cristo en la oración.

8. Participa, no anticipes … en la Santa Misa.

La misa puede ser un tiempo de adoración suprema o de espacio supremo … Para la mayoría de los católicos, podemos olvidar la épica de la misa y el espacio o incluso caer en esos pensamientos y sentimientos ansiosos durante la misma. Podemos participar mejor en la Misa siguiendo el misal, leyendo las lecturas antes de la Misa y siguiendo el libro durante la Misa. También podemos permanecer presentes en la Misa cantando las canciones de la Misa (incluso si no nos gusta la música) Como una oración a Dios. La misa es un lugar para estar presente con Dios y para darnos al Padre. Cristo se vuelve verdaderamente presente para nosotros en la misa y recibir la Eucaristía nos da fuerza para el viaje y la verdadera sanación.

9. Llamado a actuar

Puede ser difícil sentarse en silencio con nuestros pensamientos y sentimientos, pero la oración es una oportunidad para estar en comunión con Dios. Cuando luchamos con la preocupación, la autoimagen, el dolor y el estrés, Dios anhela estar con nosotros en el sufrimiento. Esta curación comienza con dejar que Dios entre en nuestra ansiedad y depresión a través de la oración y recogiendo las herramientas que Él pone ante nosotros para la verdadera sanación. Buscar un profesional para verificar y usar estas herramientas no solo puede mejorar su vida de oración, sino también ayudarlo a vivir una vida más feliz, más saludable y más santa.

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